Lema


Si tú menosprecias la pintura, sola imitadora de todas las obras visibles de la naturaleza, de cierto que desprecias una sutil invención que, con filosofía y sutil especulación, considera las cualidades todas de las formas: Mares, parajes, plantas, animales, árboles, y flores que de sombra y luz se ciñen. Esta es sin duda, ciencia y legitima hija de la naturaleza, que la parió, o por decirlo de buen ley, su nieta, pues todas las cosas visibles han sido paridas por la naturaleza y de ella nació la pintura. Con que habremos de llamarla cabalmente nieta de la naturaleza y tenerla entre divina parentela.


Quien reprueba la pintura, la naturaleza reprueba, porque las obras del pintor representan las obras de esa misma naturaleza y, por ello, tal censor carece de sentimientos.

LEONARDO DA VINCI Tratado de Pintura.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

Oswaldo Guayasamín

Oswaldo Guayasamín nació el 6 de julio de 1919. Hijo de padre indígena (de ascendencia quichua), y madre mestiza. Su padre trabajaba como carpintero y, más tarde, como taxista y camionero. La familia vivía en la miseria. Oswaldo fue el primero de diez hijos.
Su aptitud artística despierta a temprana edad. Antes de los ocho años, hace caricaturas de los maestros y compañeros de la escuela. Todas las semanas renueva los anuncios de la tienda abierta por su madre. También vende algunos cuadros hechos sobre trozos de lienzo y cartón, con paisajes y retratos de estrellas de cine, en la Plaza de la Independencia.
A pesar de la oposición de su padre, ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Quito. Es la época de la "guerra de los cuatro días", un levantamiento cívico militar, con gallardía del pueblo ecuatoriano en contra del gobierno de Arroyo del Río. Durante una manifestación, muere su gran amigo Manjarrés. Este acontecimiento, que más tarde inspirará su obra "Los niños muertos", marca su visión de la gente y de la sociedad. Continúa sus estudios en la Escuela y en 1941 obtiene el diploma de pintor y escultor, tras haber seguido también estudios de arquitectura.


En 1942 expone por primera vez a la edad de 23 años en una sala particular de Quito y provoca un escándalo. La crítica considera esta muestra como un enfrentamiento con la exposición oficial de la Escuela de Bellas Artes. Nelson Rockefeller , impresionado por la obra, compra varios cuadros y ayuda a Guayasamín en el futuro. Entre 1942 y 1943 permanece seis meses en EEUU. Con el dinero ganado, viaja a México, en donde conoce al maestro Orozco, quien acepta a Guayasamín como asistente.
También entabla amistad con Pablo Neruda y un año después viaja por diversos países de América Latina, entre ellos Perú, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay, encontrando en todos ellos una sociedad indígena oprimida, temática que, desde entonces, aparece siempre en sus obras. En sus pinturas posteriores figurativas trata temas sociales, actuó simplificando las formas. Obtuvo en su juventud todos los Premios Nacionales y fue acreedor, a los 36 años, del Gran Premio en la III Bienal Hispanoamericana de Arte, que se llevó a cabo en 1955 en Barcelona y más tarde del Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo.
Es elegido presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1971 . Sus obras han sido expuestas en las mejores galerías del mundo: Venezuela, Francia, México, Cuba, Italia, España, EEUU, Brasil, Colombia, Unión Soviética, China, entre otros. En 1976 crea la Fundación Guayasamín, en Quito, a la que dona su obra y sus colecciones de arte, ya que concibe el arte como un patrimonio de los pueblos.

En 1978 es nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de España, y un año después, miembro de honor de la Academia de Artes de Italia. En 1982 se inaugura en el Aeropuerto de Barajas un mural de 120 metros pintado por Guayasamín. Ese gran mural, elaborado con acrílicos y polvo de mármol, está dividido en dos partes: una de ellas dedicada a España y la otra a Hispanoamérica.
Sus últimas exposiciones las inauguró personalmente en el Museo del Palacio de Luxemburgo, París y en el Museo Palais de Glace en Buenos Aires, en 1995 . Logró exponer en museos de la totalidad de las capitales de América, y muchos países de Europa, como en San Petersburgo (Hermitage), Moscú, Praga, Roma, Madrid, Barcelona y Varsovia.

Realizó unas 180 exposiciones individuales y su producción fue muy fructífera en pinturas de caballete, murales, esculturas y monumentos. Tiene murales en Quito (Palacios de Gobierno y Legislativo, Universidad Central, Consejo Provincial); Madrid (Aeropuerto de Barajas); París (Sede de UNESCO); Sao Paulo (Parlamento Latinoamericano en el Memorial de América Latina). Entre sus monumentos se destacan "A la Patria Joven" (Guayaquil, Ecuador); "A La Resistencia" (Rumiñahui) en Quito.
Su obra humanista, señalada como expresionista, refleja el dolor y la miseria que soporta la mayor parte de la humanidad y denuncia la violencia que le ha tocado vivir al ser humano en este monstruoso Siglo XX marcado por las guerras mundiales, las guerras civiles, los genocidios, los campos de concentración, las dictaduras, las torturas.
Guayasamín fue amigo personal de importantes personajes del mundo, y ha retratado a algunos de ellos, como Fidel Castro y Raúl Castro, Francois y Danielle Mitterrand, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, el rey Juan Carlos de España, la princesa Carolina de Mónaco, entre otros.
Recibió varias condecoraciones oficiales y doctorados Honoris Causa de universidades de América y Europa. En 1992 recibe el premio Eugenio Espejo, máximo galardón cultural que otorga el gobierno de Ecuador.
A partir de 1996 inició en Quito su obra más importante, el espacio arquitectónico denominado "CAPILLA DEL HOMBRE", a la cuál le dedica todo su esfuerzo. Falleció el 10 de marzo de 1999, en Baltimore (Estados Unidos), aún sin ver finalizado este proyecto.



Pero Guayasamín no solamente destacó por su creatividad pictórica, fue también un sobresaliente escultor, muralista, diseñador, retratista, escritor, grabador, litógrafo, serígrafo, coleccionista, filántropo, intérprete musical, humanista, defensor y promotor de los bienes culturales en todas sus expresiones, por citar algunas de sus virtudes.
Fue en el Ecuador de 1955, en el que al hablar de conservación de bienes culturales, apareció en el artista la idea de crear una entidad autónoma capaz de proteger, preservar y difundir efectivamente sus colecciones, las mismas que sabía, estaría próximo a donar a los ecuatorianos para el disfrute de la comunidad; y aún antes de que existiera el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural o la Ley de Patrimonio Cultural, el maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, junto a sus hijos decide crear la Fundación Guayasamín; para lo cual, en abril de 1975, solicita por escrito al entonces Presidente de la República General Guillermo Rodríguez Lara:
“De conformidad con lo dispuesto en el Art. 584 del Código Civil, me dirijo a Ud. para solicitarle que se sirva concederme su autorización para proceder a la constitución de una fundación de carácter cultural en función social, que se denominará “FUNDACIÓN GUAYASAMÍN”, la cual, aunque según la ley debe ser una persona jurídica de derecho privado, estará destinada a una actividad pública al servicio de la nación.”




“Esta fundación, la primera de este carácter que se haría en América Latina, será una institución cultural de mucha importancia para el Ecuador y para todo el continente, siguiendo la tradición de Quito; que ha sido, por siglos, centro artístico de primera magnitud”



El Maestro Oswaldo Guayasamín no deseaba que se repita la historia de su primera colección pictórica titulada HUACAYÑAN (camino del llanto) que fue terminada en el año de 1952, integrada por ciento tres pinturas de caballete, que fueron creadas como una unidad indivisible también, pero que por necesidades económicas imperantes en ese entonces, desgraciadamente debieron comercializarse a distintas personas de diferentes países; desmembrando la colección.

La mencionada fundación se encargaría en adelante de custodiar el legado de Oswaldo Guayasamín para la nación, conformado por la colección pictórica más importante del artista como lo es la denominada LA EDAD DE LA IRA, constituida por ciento cincuenta pinturas de caballete, de gran formato, elaboradas durante por lo menos veinte años, concebidas como una unidad indivisible y que fueron creadas con el propósito de no comercializarse.

También conforman este legado cincuenta pinturas de caballete retrospectivas de su creación, adicionales; una colección de más de dos cientos bienes culturales de procedencia arqueológica de extraordinaria belleza, con un alto valor artístico y científico. Además de una muy selecta colección de bienes culturales de la época colonial y el arte contemporáneo.

Es así que el 21 de julio de 1976, el Ministerio de Educación por medio del acuerdo ministerial No. 4821 aprueba al fin la constitución de la Fundación Guayasamín, entidad autónoma, dotada de infraestructura y cuerpo jurídico, creada con el criterio principal de que: “La preservación de los bienes culturales de nuestro país debe asumir el carácter de beneficio colectivo, popular.”



El legado de Guayasamín es conservado y custodiado en el tiempo, hasta el día de hoy por la fundación que lleva su nombre; por lo que me pregunto ¿Fue Oswaldo Guayasamín, sin haber intervenido jamás física ni directamente algún bien cultural, un visionario conservador de los bienes culturales?

David Guayasamin



Eternamente joven

Hay quien nace viejo y muere de lo mismo, sin enterarse siquiera de su paso por la vida. Hay quien nace y muere joven, eternamente joven, renovador y creativo.

Guayasamín

De “El tiempo que me ha tocado vivir”

Pintar es una forma de oración

Pintar es una forma de oración al mismo tiempo que el grito. Es casi una actitud fisiológica y la más alta consecuencia del amor y de la soledad. Por eso, quiero que todo sea nítido, claro, que el mensaje sea sencillo y directo. No quiero dejar nada al azar, que cada figura, cada símbolo, sean esenciales; porque la obra de arte es la búsqueda incesante de ser como los demás y no parecerse a nadie.

Mi madre, mientras viva siempre te recuerdo

Mi madre era una verdadera poesía, estaba siempre en gestación, tocaba la guitarra y cantaba a maravilla. Me enseñó los primeros acordes, las primeras voces. Recuerdo que de niño trataba de copiar un cielo rojizo, tormentoso. Seguramente no podía darle luminosidad y mi madre que entendía mi angustia, sacó en un platito de barro un poco de leche de su seno y me la dio, para ver si mezclando su esencia con mis colores, alcanzaba la luz. Mi madre era como el pan recién salido del horno. Me dió las dos vidas que tengo. Era y sigue siendo una tierna poesía.

Mientras viva siempre te recuerdo.

Mantengan encendida una luz

Siempre voy a volver, mantengan encendida una luz.



Aquí les dejo esta estupenda y completa biografía... ¡Que la disfruten!
























[Español]
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¡PRONTO!




lunes, 22 de agosto de 2011

Alfaro Siqueiros

Pintor mexicano, uno de los más famosos muralistas de su país junto a Diego Rivera y José Clemente Orozco. Siqueiros nació en Chihuahua y se formó en la Escuela de Bellas Artes de México y en la escuela de Santa Anita de esta ciudad. Participó en el renacimiento de la pintura al fresco efectuada bajo el patrocinio gubernamental de las decoraciones murales en edificios públicos. Vivió en París, Barcelona y Estados Unidos. Regresó a México y organizó el sindicato de pintores, escultores y grabadores revolucionarios. Miembro del Partido Comunista Mexicano, fundó su periódico El Machete y se dedicó al activismo político, representando en sus frescos temas de dinámica revolucionaria para alentar a las clases sociales más desfavorecidas. Sus pinturas representan una síntesis muy particular de los estilos futurista, expresionista y abstracto, con colores fuertes e intensos. En 1962, el gobierno mexicano sentenció a Siqueiros a ocho años de prisión por organizar disturbios estudiantiles de extrema izquierda dos años antes, el artista fue indultado en 1964. Sus obras más monumentales son, Marcha de la Humanidad (1971), realizada después de su salida de la cárcel, que decora las paredes del Hotel de México, y que ocupa una superficie de 4.600 m2 de paneles articulados, y Del porfirismo a la revolución, de 4.500 m2, en el Museo de Historia Nacional de la ciudad de México. Recibió el Premio Nacional de Arte de México y el Premio Lenin de la Paz.

Aquí les dejo este interesantísimo ensayo...

El humanismo de David Alfaro Siqueiros:
un espejo de la izquierda del siglo XX mexicano*

Enrique Ochoa Ávila
Descubrir el humanismo de Siqueiros no sería una tarea difícil, vinculado a la lucha decidida por un mundo nuevo, el muralista derrocha en su vida un infinito amor hacia la humanidad y hacia su pueblo en particular. En este trabajo se explora parte de sus ideas para profundizar en algunos aspectos de lo que se podría llamar su idea de la condición humana. Este personaje –como reflejo de la izquierda mexicana del siglo XX– es tan contradictorio, tan “brusco” y tan sensible a la vez, que no es cosa sencilla abordarlo sin caer en posiciones maniqueas. ¿Cómo distinguir entre el dogmatismo y la fidelidad a los principios?

Su vida
José David Alfaro Siqueiros nace en Chihuahua en 1896. Su padre fue un devoto católico que le procuró una educación conservadora, pierde su madre a una edad muy temprana. La principal influencia familiar que impactó la formación del carácter del artista no fue su padre, sino su abuelo: Don Antonio Alfaro Sierra “Siete Filos”. “Siete Filos” era un jacobino, un liberal radical; había combatido con las fuerzas liberales contra la intervención francesa. De aquí viene la formación anticlerical de Siqueiros. Desde muy joven, y a pesar de vivir en un medio acomodado, tiene contacto con las injusticias propias del México de principios de siglo, caldo de cultivo de la Revolución de 1910-1917. A los 15 años se inicia en el activismo político al participar en una manifestación estudiantil; por estas fechas el joven José David estudiaba el bachillerato por la mañana y artes por las noches. Al año, siendo aún un adolescente, abandona el hogar hostil a sus ideas progresistas y se incorpora a las filas del Ejército Constitucionalista, de donde llegó a ser miembro del Estado Mayor del general Manuel M. Diéguez. En 1919, el gobierno posrevolucionario le subsidia un viaje a París donde profundiza sus estudios de pintura y se empapa de toda la cultura occidental que el México de esos años no le podía proporcionar.
Inició su militancia comunista en 1923, este hecho es determinante en sus concepciones estéticas y su ejercicio artístico. En este año funda junto con Xavier Guerrero, Diego Rivera, Fermín Revueltas, José Clemente Orozco, Ramón Alba Guadarrama, Germán Cueto y Carlos Mérida, el Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores, fungiendo Siqueiros como secretario general. Un año más tarde, este mismo organismo crea la publicación El Machete, que posteriormente sería el órgano oficial del Partido Comunista de México. En 1928 asistió como delegado al IV Congreso de la Internacional Sindical Roja en la URSS. En 1937 parte a España para incorporarse a los combatientes republicanos en la lucha contra el franquismo. Después de haber atestiguado el papel de los trotskistas en la Guerra Civil española, se opone al asilo de Trotski en México, promovido por Diego Rivera y Frida Khalo; organiza un atentado contra la vida del disidente soviético en 1940.
En 1966 recibe el Premio Nacional de Arte. Recibe el premio Lenin en 1967, mismo que dona al pueblo de Vietnam que en esos momentos luchaba contra la intervención.
Hace importantes avances técnicos para la plástica, producto de su constante experimentación heterodoxa creativa.
Podemos abstraer su obra de artículos, conferencias, cartas, pinturas e incluso corridos.
Su vida es un ejemplo de fidelidad a la transformación práctica de la sociedad, a la causa del socialismo. Nunca interpuso obstáculo alguno que le impidiera cumplir con su deber de revolucionario; un claro ejemplo de esto se da en 1924, cuando ya famoso, deja su preciada labor creativa para asistir en ayuda de sus camaradas obreros de Jalisco, para colaborar en su organización sindical.
La vida y obra de David Alfaro Siqueiros refleja la vida de la izquierda mexicana, su confusión y sus “virajes”. Esta accidentada vida, voluntariamente elegida, lo acercó al drama humano en su máxima expresión: la temprana pérdida de su madre, el combate revolucionario en México, las montañas de cadáveres en España, etc. Sin embargo, el ser testigo de estas experiencias no hacen sino templar creativamente su sensibilidad artística. De su personalidad, apunta el emblemático Ernesto Che Guevara, Siqueiros “…no es de los que respetan las leyes del juego, y se consiguen todos los honores” (Guevara, 1980: 547).
Siqueiros muere de cáncer el 6 de enero de 1974 a las 10:15 de la mañana.


Ideas filosóficas



Como marxista, Siqueiros es materialista; de esta forma, sostiene que las condiciones materiales de existencia son las causas de las diferentes concepciones filosóficas, éticas y políticas, por supuesto que también las estéticas y el arte. Una muestra: “…a cada civilización corresponde una forma de cultura y, con ésta, una forma de arte” (Tibol, 1974a
:97). Aunque en sentido estricto, no hay planteamientos o reflexiones estrictamente filosóficas (en el sentido académico) o planteamientos concretos sobre abordamientos filosóficos clásicos.1 Sin embargo, su concepción filosófica se puede desprender de muchos pasajes que tienen una intencionalidad estética. Utilizando el término realismo expresa su materialismo de la siguiente manera:
Por realismo, dándole a esta expresión todo el significado convencional que la costumbre ha creado, debemos entender: lógica, sentido común, apego a los hechos comprobados, tratándose de las artes plásticas, descubrimiento de los determinantes sociales de cada específico periodo histórico de la humanidad, de los determinantes físicos (geográficos, climáticos, etc.) y también, en consecuencia, de los determinantes temáticos, formales y de estilo, toda vez que se trata de artes plásticas figurativas (Ibíd.: 150).
Con respecto al problema del conocimiento dice: “Los comunistas… no nos quedamos en el análisis de los hechos positivos. Los comunistas vamos siempre al fondo de los problemas y por ahí a la crítica y la autocrítica más directas” (Ibíd.: Como se ve, para este personaje el conocimiento es: primero, posible; después es profundo y reflexivo sobre sí mismo, sin olvidar la posibilidad de transformación práctica de la realidad, implícita en su vida y obra.
De sus afirmaciones acerca del realismo se desprende una concepción dinámica; habla del realismo como un “medio de creación siempre en marcha.” En otra parte dice: “… ni las formas de realismo, ni los medios de materialización práctica son fijos.” Critica la posición metafísica en torno al arte que asumen algunos pintores que trabajan únicamente el aspecto subjetivo, olvidando que “lo subjetivo… no es más que parte integrante y subsecuente de lo objetivo, de lo vivo” de esto podemos afirmar que acepta la primacía de la materia sobre el espíritu, es un materialista como se dijo arriba.
Sobre el problema de la verdad, se inclina por la interpretación marxista-leninista que reconoce la parcialidad de la investigación científica, se pregunta sobre una verdad completa, en el sentido de “acabada”, de la crítica unilateral del arte que deja de lado su papel ideológico (Ibíd.: 66 y 67) En resumen, es un materialista que llama a la transformación revolucionaria de la sociedad (Cfr. Marx, s/f: 26).
De su práctica comprometida se desprende una ética colectiva de lo mexicano que debe ser encausada para darle rumbo a los destinos del país (Monsiváis, 1985: 103).
Sobre la estética: a decir de Raquel Tibol, para él, el arte es “una función y un proceso” (Tibol, 1974a: 12), busca que tenga el “máximo servicio público”, oponiéndolo al arte burgués elitista. “En la estética de Siqueiros –dice Tibol-, encontramos inconformismo crítico y autocrítico; voluntad creadora, generosa y vigilante; reafirmación de un realismo de muchos mayores alcances éticos y estéticos…” (Tibol, 1974b: 56)
Desprecia los gustos burgueses: “Esta por demás decir que el concepto de buen gusto se apoya en lo que podemos considerar como el buen gusto de la burguesía distinguida, de la burguesía chic y refinada, contra el gusto de la pequeña burguesía” (Ibíd.: 184). Es por demás obvia la concepción clasista sobre estética que se detecta en esta afirmación.
Frente a las posiciones eurocentristas típicas del porfirismo, Siqueiros antepone bases firmes para un nuevo arte no simplemente contestatario y localista, sino un nuevo arte universal identificado con las ideas socialistas sobre el futuro, “…estableció con ideas primero y con obras después, las bases para un nuevo arte americano no subsidiario” (Ibíd.: 7).
Desprecia profundamente la pretendida posición de imparcialidad de los defensores del “arte por el arte”, sin ninguna inclinación ideológica (Ibíd.: 69).
Con respecto al individualismo, como característica fundamental del mundo burgués es especialmente beligerante, sobre todo por la tremenda fuerza que esta actitud tiene en el arte.




 Ideas políticas y sociales
La vocación del pintor es internacionalista. Ya desde los primeros números de El Machete, llamaba a imitar “el ejemplo del proletariado europeo… [sus victorias en] Inglaterra, Francia y Alemania” (Tibol, 1974a). “La subordinación política al extranjero imperialista toca y destruye hasta lo aparentemente más sagrado y recóndito de la vida de una nación.” (Ibíd.: 145).
Se mantiene en guardia frente a los nacionalismos extremos, para él, el chovinismo es una confusión ideológica “que mueve a los intelectuales adictos aún a las plataformas de la nueva y pequeña burguesía” (Ibíd.: 166). No parecerá necio afirmar que para Siqueiros la implantación del socialismo es ajena a todo utopismo y romanticismo, para él, el socialismo “no va a aparecer súbitamente como por juego de magia, sino a través de un proceso de depuración progresiva de todos los aspectos negativos que correspondieron al orden social inmediato anterior” (Ibíd.: 195).
Sobre las clases sociales, no es necesario aclarar el partido que toma el pintor, sus méritos como organizador sindical y los motivos de su pintura son bastante elocuentes. De la clase enemiga, de la burguesía, destaca su rechazo no sólo a su sostenimiento en base a la propiedad privada, sino el énfasis que pone en el derrumbamiento del individualismo, como característica de esta clase, cuestión que combate con su idea de arte colectivo frente a la pintura de caballete. Propone concretamente la desaparición absoluta del individualismo burgués.
Frente al clero Siqueiros asume una actitud crítica que raya en lo rabioso, celebra el anticlericalismo de Orozco (Ibíd.: 59). Sin embargo reacciona contra la devastación de los templos, en tanto que creaciones arquitectónicas (Ibíd.: 96). “Las iglesias –afirma–, como expresiones artísticas, forman parte del acervo de la cultura nacional” (Ibíd.: 103).
Identifica una cultura de clase, de las grandes masas populares, misma que es el destino de su producción artística (Ibíd.: 31) Esto sin menoscabo de reconocer la importancia de un arte que trascienda fronteras “que sea fruto de la captación del panorama internacional de las plataformas de antecedentes y elementos funcionales locales” (Ibíd.: 35). Un arte para la humanidad.
El papel de la ideología es importante para comprender el pensamiento del pintor. Siqueiros reconoce el rol fundamental que juega la ideología, es decir, los intereses de clase, es obvio el partido que toma nuestro muralista. De hecho, como se apunta arriba, todo arte tiene carácter de clase, tiene una función pública, ideológica. La ideología viene después del vencimiento por la fuerza “…así se produjeron todas las conquistas de la antigüedad, en la Edad Media, con el renacimiento, en el mundo de la burguesía liberal, y así las lleva a cabo en parte el imperialismo contemporáneo. Sólo el cambio radical de civilización, en mi concepto, puede poner fin a tal método” (Ibíd.: 92).
Habla el pintor sobre el humanismo, llamándolo concretamente “nuevo humanismo”, éste es identificado con el futuro socialista al que concibe como meta de su labor.
Frente a la cuestión indígena se muestra profundamente respetuoso del periodo prehispánico, reconociendo el pasado glorioso (Monsiváis, 1985: 103), sin con esto caer en una falsa posición indigenista como la que con tanta ferocidad criticó a Diego Rivera (Ibíd.: 111). Es justo reconocer, sin embargo, que en los albores de su práctica artística (1921) había algunos gérmenes de esto, habla por ejemplo de “facultades raciales” (Tibol, 1974a). Como humanista y como marxista es enemigo del racismo, como apunta Esther Cimet es uno de los rasgos antihumanistas del capitalismo en su fase imperialista.
Frente al progreso y los avances de la industria, mantiene una actitud de reconocimiento a los logros alcanzados, y llama a sus colegas a conocer estos avances (Ibíd.:36), propone retomar una “nueva y propia tecnología científica y mecánica” que adelante los recursos del artista (Ibíd.: 76). Como se observa, las actitudes del muralista frente a la ciencia y la técnica de ninguna manera se identifican con la desesperación o el nihilismo, sino de encontrar en ellas las posibilidades materiales para el beneficio humano, en este caso en la esfera del arte.
No hay en su obra ideas claras con respecto a la educación, salvo las innumerables referencias que hace resaltando el papel educador del arte colectivo como formador de la nueva sociedad inspirada en el colectivismo (Ibíd.: 187), precisa que su importancia pedagógica es superior para las artes plásticas de función social. Es importante, sin embargo, no dejar de mencionar la gran importancia que le daba a la formación de los niños. Así se demuestra en su trato a sus nietos, ya sea condenando el maltrato infantil que afecta la dignidad del niño, aún cuando él mismo la padeció.

Conclusiones

Para Raquel Tibol, “casi todos los murales –y en toda su práctica- están compuestos con base en asuntos de franca tendencia humanista que parten o llegan siempre a los temas medulares de las luchas de liberación de los pueblos oprimidos; las luchas de los desposeídos para conquistar una efectiva justicia social, y el repudio a la guerra para oprimir, sojuzgar y envilecer a los débiles” (Tibol, 1974b: 61).
La relación entre humanismo y comunismo es natural en el artista, afirma que “...un comunista ...no puede aceptar de ninguna manera la aplicación y desarrollo de una corriente que expulsa la imagen del hombre y el medio físico social en que este se mueve de la producción artística” (Tibol, 1974b: 192). Es evidente la idea que tiene de hombre como centro de la problemática artística y política, si es que en Siqueiros nos podemos referir a estos aspectos de manera separada.
Finalmente, podemos resumir su idea de hombre en una cita del mismo pintor:
...quisimos penetrar en nuestro hombre de México, y penetrando en él penetramos en el hombre universal, porque la única manera de entender realmente el hombre es teniendo en cuenta al que tenemos adentro de nosotros mismos, al propio, al del país donde vivimos, de nuestra idiosincrasia. Es único camino para entender al hombre universal (Zabludovsky, 1974: 72).

Bibliografía

Directa
  • Siqueiros, D. (1974). Textos. Fondo de Cultura Económica. Estudio introductorio y compilación de R. Tibol. México.
Indirecta
  • Marx, C. (s/f). Tesis sobre Feuerbach. Obras escogidas. Progreso. Moscú.
  • Monsiváis, C. (1985). Amor perdido, 9ª edición, Ediciones Era. México.
  • Tibol, R. (1974). Orozco, Rivera, Siqueiros. Tamayo. Fondo de Cultura Económica. México.
  • Varios. (2000). Releer a Siqueiros. CONACULTA. México.
  • Zabludovsky, J. (1974). Siqueiros me dijo. Organización Editorial Novaro. México

Aquí algunas fotos del artista y  otras obras...

 


Aquí les dejo una biografía por Philip Stein

 PDF [English]
(Enlace actualizado) Descargar PDF

...y el libro "Cómo se pinta un mural" si acaso quieren seguir los pasos del maestro ¡Qué lo disfruten!

PDF [Español]
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miércoles, 10 de agosto de 2011

Diego Rivera

Su hambre insaciable, su polémica ininterrumpida, su vitalidad, su pasión por las creaciones precolombinas –arquitectura, murales, códices, escultura, cerámica- por la historia, la leyenda, la tradición, sus volcanes de hojarasca arden en su obra – romancero plástico que intentó abarcar todo lo mexicano- con fuego de la quimera de acto intelectual puro. (…)
En él se plantean con premeditación, como en ningún otro, las cuestiones propias de la pintura, las que presentan el nacionalismo y lo nacional y un contenido pintoresco y sociopolítico patente. Sobre estos cimientos se levantan,  hasta por los mismos riesgos que ha de salvar, las razones clave de la obra, con las mejores virtudes y las endebleces más visibles: la grandeza de un tema no constituye por sí la grandeza de la pintura. En el asunto histórico lo que trasciende es la emoción de la pintura, y no la anécdota. No es tópico en los buenos ejemplos, una alegórica recordación externa; tampoco, en lo excepcional, una áptera sumisión a la ideología, descuidando la forma. A veces, olvida los dos cimientos y entonces la pintura, como lo alcanza en otras cuestiones  suyas, se resuelve en pintura. Los rezagos folklóricos, las evocaciones arqueológicas, convencionales o no, y la importancia de una ideología se entremezclan o sepáranse en la obra; mas en lo señero de ella es creación y voluntad de acabar con la enajenación espiritual de nuestro mundo.
Por la índole de parte de la temática, sobre todo por el tratamiento   que da a tal temática, por circunstancias del momento, por su voluntad de forma, la pintura de Diego Rivera ha sido justa e injustamente aquilatada y situada desde el punto de vista nacionalista, social y político: se le ha juzgado elemental y románticamente por la tendencia, más que por la calidad; se le ha juzgado intentando defender con su “impureza” estética el valor de la misma. Error que ha deseado proporcionarle un apoyo, descuidando la magnitud pictórica que hay en ella. (…)

Hay que valorar la obra de Rivera por la libertad y la jerarquía, el estilo y la conciencia nacional universalista. Lo encontraríamos primario (el arte es propaganda) si no nos libramos de tal concepto de “servicio” subrayado por una crítica que se detiene en lo periférico en él y no  en lo esencial, para ocuparnos también de la “estética de su forma”. No es sólo su fe la que vale sino su herejía: la excelencia, más allá de lo que se diría el designio inmediato. Se trata de afirmar su realidad múltiple, sin simplificarlo, sin reducirlo; de hacer la historia serena de lo acontecido; de intentar un deslinde dentro de un orden que desearía singular. El arte está como más allá de la moral, aunque el artista, como hombre, esté bajo su dominio. Una obra en sí, con un punto de vista sólo esteticista, no es moralmente reprobable, pero sería un juicio ineficaz e insultante. Sería como juzgar inmoral o reaccionario a un hexágono. Hay buena o mala pintura. El tema tiene importancia según lo que se hace con él: es decir, lo creado, no la intención. (…)

En la decoración del anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, Diego Rivera se hallaba seducido por preocupaciones formales de pintura de temas alegóricos, aunque ya resuelto a enfrentarse con el medio. Su inquietud no se encauzaba aún. Poco tiempo antes, pintaba en España a la manera de los contemporáneos españoles. En París se incorporó al cubismo creado por Picasso, Braque y Juan Gris.
El cubismo de Rivera exento del rigor de los fundadores, olvidado de sus principales motivaciones, el color saliéndosele contra su voluntad, irrumpiendo en las disciplinas de tal escuela. Nos dejó unas ochenta obras cubistas, no pocas singulares, que pertenecen a su heterodoxo cubismo mexicano, por decirlo así. Algunos estiman que esta época es de lo mejor de él.  Para mí, alcanzó su estatura al fundirse con su pueblo. Entonces comienza, en forma definitiva, lo mejor suyo. En la obra mural (más de 4000 m²), como en la de caballete, no poco es de calidad: a veces lo descuidamos, ahogándonos en la avalancha de su producción ramplona. Sin embargo, un Rivera siempre es un Rivera: hasta en los ejemplos pobres lucen rastros de su maestría. Y podemos formar un haz con espigas y desatender el resto, sin olvidar la intención general.  Como pintor cubista, Rivera fue bueno, pero un cubista más.


Lo europeo en Rivera le sirvió para decir mejor lo propio.
«Mi retorno a casa me produjo un júbilo estético imposible de describir», escribirá Rivera más tarde sobre su regreso. «Fue como si hubiese vuelto a nacer. (...) Me encontraba en el centro del mundo plástico, donde existían colores y formas en absoluta pureza. En todo veía un obra maestra potencial -en las multitudes, en las fiestas, en los batallones desfilando, en los trabajadores de las fábricas y del campo- en cualquier rostro luminoso, en cualquier niño radiante. (...) El primer boceto que realicé me dejó admirado. ¡Era realmente bueno!

De Europa, en donde vivió quince años, volvió más mexicano, si posible, de lo que se fue y, sobre todo, más pintor. Y su pintura es mexicana sólo cuando es gran pintura. Lo importante es que lo universal se individualice, que lo individual se universalice. Rivera lo consiguió no pocas veces. Su personalidad se impone sobre las influencias que, por otra parte, sólo preocupan a quienes son incapaces de transformarlas. Nuestra cultura milenaria tiene rasgos gentilicios: tradición con estilo a la cual Rivera da una aportación renovadora.
Un artista se vale de no importa qué tema. Hay temas y temas. Las dotes se desarrollan mejor cuando el tema es propio, en verdad, y puede conducirlo a la plenitud. ¿Quién dudaría del profundo sentimiento mexicano de Rivera? ¿De la magnitud de sus logros? Rivera, como Orozco, es un creador de nacionalidad, un definidor de ella.
Si en Rivera, muchas veces, el indio es tema básico y no simple elemento decorativo, no es sólo por nacionalismo o por la Revolución. Es por la evolución del arte en México. Y por esa evolución y Revolución, tal como la pintó Rivera, está desapareciendo. El indio cautivó a Rivera por sus creaciones milenariias, por la delicadeza del arte popular y porque la Revolución buscó reivindicarlo, restituirlo a sí mismo.
Por cualquier  camino que estudiemos las artes visuales en México, llegaremos siempre a Diego Rivera. ¿su significación es mayor que la obra? ¿La obra es su significación? Ambas consideraciones nos iluminan el esplendor de su realidad y nos prueban su admirable situación en plaza central. (Luis Cardoza y Aragón, Pintura contemporánea de México)


Sobre Diego y Frida...

 Ella es una mujer frágil pero tenaz, rebelde, pintora iconoclasta; él, que la dobla en edad, es un terrorífico coloso con reputación de devorador de mujeres, comunista y ateo, que pinta frescos en los que incita a tomar los machetes y los fusiles para derrocar la trinidad demoníaca de México: la burguesía, el clero, la clase política... Diego y Frida cuenta la tormentosa y apasionada historia de una pareja fuera de lo común. El primer choque de miradas, el dolor y la soledad de Frida, acosada por la enfermedad y la desgracia, la fe en la revolución, el encuentro con Trotski y Breton, la aventura americana, el papel de ambos en la renovación del mundo del arte... Diego es para Frida el niño todopoderoso que su vientre nunca podrá albergar; Frida es para Diego la mujer tocada de la magia amerindia. Hoy, las imágenes que nos han dejado —imágenes de amor, de búsqueda de la verdad, en las que la sensualidad se mezcla siempre con el sufrimiento — siguen siendo necesarias y tan intensas como entonces.
(Sinopsis de Diego y Frida por Jean-Marie Gustave Le Clezio. )


Aquí le dejo la biografía de Diego Rivera por  Andrea Kettenman






































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...y el folletico del Museo Rivera.




































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